A medida que las organizaciones crecen y evolucionan, también lo hacen sus necesidades tecnológicas. En este contexto, dos modelos predominan en el panorama del software empresarial: el software como servicio (SaaS, por sus siglas en inglés) y el software tradicional, también conocido como software on-premise. Ambos modelos tienen sus ventajas y desventajas, y elegir entre uno u otro puede tener un impacto significativo en la eficiencia, los costos, la seguridad y la escalabilidad de una empresa.

 

Definición de SaaS y software tradicional

Antes de adentrarnos en la comparativa, es esencial entender claramente qué significa cada uno de estos modelos de software.

El software como servicio (SaaS) es un modelo de distribución de software en el que las aplicaciones se alojan en servidores remotos y se ofrecen a los usuarios a través de internet. En lugar de instalar y ejecutar el software en computadoras locales o servidores internos, los usuarios acceden a él mediante navegadores web o aplicaciones móviles. El proveedor del servicio es responsable del mantenimiento del software, las actualizaciones, la seguridad y la infraestructura subyacente. Ejemplos comunes de SaaS incluyen plataformas como Google Workspace, Microsoft 365, Salesforce, Dropbox, Zoom y Slack.

Por otro lado, el software tradicional, también llamado software on-premise, se refiere a aplicaciones que se instalan y ejecutan directamente en los equipos o servidores de la empresa. Esto implica que la organización adquiere una licencia del software, lo instala en su infraestructura local y asume la responsabilidad total de su mantenimiento, actualización, seguridad y respaldo. Ejemplos típicos incluyen sistemas de gestión empresarial como SAP ERP, Microsoft Dynamics instalado localmente, o software de contabilidad como QuickBooks Desktop.

La principal diferencia entre ambos modelos radica en quién gestiona la infraestructura y cómo se accede al software. Mientras que el SaaS externaliza prácticamente todos los aspectos técnicos al proveedor, el software tradicional exige que la empresa tenga recursos internos para gestionar el entorno tecnológico.

Modelos de licenciamiento y costos iniciales

Uno de los aspectos más determinantes en la elección entre SaaS y software tradicional es el modelo de licenciamiento y los costos asociados. Esta diferencia tiene un impacto directo en el presupuesto de la empresa, especialmente en las etapas iniciales de implementación.

El software tradicional suele requerir una inversión inicial elevada. Las empresas deben adquirir licencias de usuario, que a menudo se venden por número de usuarios o por módulos funcionales. Además, es necesario invertir en hardware adecuado (servidores, almacenamiento, redes) y en servicios de instalación. En muchos casos, también se requiere personal técnico especializado para configurar el sistema, migrar datos y capacitar a los usuarios. Este modelo se conoce como «pago por adelantado» (upfront cost), ya que los gastos principales se concentran en los primeros meses.

Por ejemplo, una empresa que desea implementar un sistema ERP on-premise puede enfrentar costos iniciales que incluyan:

  • Licencias de software: desde varios miles hasta cientos de miles de dólares, dependiendo del tamaño y complejidad del sistema.
  • Hardware: servidores dedicados, almacenamiento en disco, sistemas de respaldo y redes redundantes.
  • Servicios de consultoría: para la personalización, integración con otros sistemas y migración de datos.
  • Capacitación: cursos para empleados y administradores del sistema.
  • Mantenimiento anual: que suele representar entre el 15% y el 25% del costo de la licencia inicial.

En contraste, el modelo SaaS opera bajo un esquema de pago recurrente, generalmente mensual o anual por usuario. Este enfoque, conocido como «pago por uso» o «suscripción», permite a las empresas acceder al software con una inversión inicial mínima. No se requiere hardware adicional, ya que todo se aloja en la nube. La mayoría de los proveedores de SaaS ofrecen planes escalonados, lo que permite a las empresas comenzar con un número reducido de usuarios y escalar gradualmente según crezcan.

Por ejemplo, una empresa que utiliza una herramienta de CRM en la nube como Salesforce puede comenzar con un plan básico que cuesta entre 25 y 75 dólares por usuario al mes. A medida que la empresa crece, puede añadir funcionalidades avanzadas o aumentar el número de usuarios sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura.

Esta diferencia en los modelos de costos hace que el SaaS sea particularmente atractivo para pequeñas y medianas empresas (pymes), startups y organizaciones con presupuestos limitados. Sin embargo, es importante considerar que, a largo plazo, los costos acumulados de las suscripciones mensuales pueden superar el costo de una licencia tradicional, especialmente si el software se utiliza durante muchos años.

Costos ocultos y totales de propiedad (TCO)

Aunque el modelo de suscripción del SaaS parece más económico a primera vista, es fundamental analizar el costo total de propiedad (TCO, por sus siglas en inglés) a lo largo del tiempo. El TCO incluye todos los gastos asociados con la adquisición, implementación, operación, mantenimiento y eventual reemplazo de un sistema de software.

En el caso del software tradicional, los costos iniciales son altos, pero a partir del segundo año, los gastos tienden a estabilizarse. El mayor costo recurrente es el mantenimiento anual, que cubre actualizaciones de seguridad, parches y soporte técnico. Sin embargo, si la empresa no requiere nuevas funcionalidades ni cambios significativos, el software puede funcionar durante años sin necesidad de inversiones adicionales importantes.

Además, una vez que el software está completamente amortizado (generalmente entre 3 y 5 años), los costos operativos pueden reducirse considerablemente. En algunos casos, las empresas optan por mantener sistemas on-premise durante más de una década, especialmente si cumplen adecuadamente con sus necesidades y no requieren modernización constante.

En cambio, con el SaaS, los costos son recurrentes y acumulativos. Aunque no hay inversión inicial en hardware ni licencias, la empresa debe pagar la suscripción indefinidamente. Si el software se utiliza durante 10 años, el costo total puede superar significativamente el de una licencia tradicional.

Sin embargo, el TCO del SaaS también incluye beneficios indirectos que pueden compensar estos gastos. Por ejemplo:

  • Reducción de costos de TI interna: al no tener que gestionar servidores, bases de datos o actualizaciones, la empresa puede reducir su equipo de TI o reasignar recursos a otras áreas estratégicas.
  • Menor tiempo de inactividad: los proveedores de SaaS garantizan altos niveles de disponibilidad (por lo general entre el 99,9% y el 99,99%), lo que minimiza las pérdidas de productividad.
  • Actualizaciones automáticas: las nuevas funcionalidades y mejoras de seguridad se implementan sin intervención del cliente, lo que ahorra tiempo y esfuerzo.

Por otro lado, el software tradicional puede generar costos ocultos que no siempre se consideran inicialmente:

  • Actualizaciones costosas: cuando se lanza una nueva versión del software, puede requerirse una inversión adicional para adquirir la licencia, migrar datos y capacitar al personal.
  • Infraestructura obsoleta: los servidores y sistemas de almacenamiento envejecen y deben reemplazarse cada 5 a 7 años, lo que implica nuevos gastos.
  • Personal especializado: mantener un sistema on-premise requiere administradores de bases de datos, ingenieros de red y especialistas en seguridad, cuyos salarios representan un costo significativo.

 

Implementación y tiempo de puesta en marcha

El tiempo que tarda un sistema en estar operativo es un factor crítico, especialmente para empresas que necesitan digitalizarse rápidamente o que están en fase de crecimiento acelerado.

El software SaaS destaca por su rapidez de implementación. Dado que no requiere instalación física ni configuración de servidores, muchas soluciones SaaS pueden ponerse en marcha en cuestión de horas o días. El proceso típico incluye:

  1. Registro en la plataforma del proveedor.
  2. Configuración básica del entorno (usuarios, permisos, integraciones).
  3. Migración de datos (si aplica).
  4. Capacitación inicial de los usuarios.

Algunas plataformas ofrecen asistencia gratuita o incluso servicios de implementación gestionada por el proveedor, lo que acelera aún más el proceso. Por ejemplo, herramientas como Trello, Asana o Mailchimp pueden usarse de inmediato sin necesidad de intervención técnica.

En contraste, la implementación de software tradicional es un proceso mucho más complejo y prolongado. Puede llevar semanas o incluso meses, dependiendo del tamaño del sistema y la cantidad de personalización requerida. Los pasos típicos incluyen:

  1. Adquisición de hardware y licencias.
  2. Instalación del software en servidores locales.
  3. Configuración de redes, bases de datos y seguridad.
  4. Personalización del sistema (modificación de módulos, creación de informes, automatización de procesos).
  5. Migración de datos desde sistemas antiguos.
  6. Pruebas exhaustivas (pruebas de integración, rendimiento y seguridad).
  7. Capacitación del personal.
  8. Puesta en producción.

Este proceso no solo consume tiempo, sino que también requiere la coordinación de múltiples partes: el proveedor del software, el equipo interno de TI, consultores externos y líderes de departamento. Cualquier retraso en uno de estos aspectos puede afectar todo el cronograma.

Además, el software tradicional suele requerir una fase de pruebas más rigurosa, ya que cualquier error puede tener consecuencias graves en operaciones críticas como finanzas, logística o recursos humanos. En cambio, con el SaaS, muchas de estas pruebas ya han sido realizadas por el proveedor, lo que reduce el riesgo para el cliente.

Mantenimiento y actualizaciones

El mantenimiento del software es un aspecto continuo que afecta directamente la estabilidad, seguridad y funcionalidad del sistema.

En el modelo SaaS, el mantenimiento es responsabilidad del proveedor. Esto incluye:

  • Aplicación de actualizaciones de seguridad.
  • Parches de errores.
  • Mejoras de rendimiento.
  • Actualizaciones de funcionalidades.
  • Monitoreo de servidores y bases de datos.
  • Respaldos automáticos y recuperación ante desastres.

Estas tareas se realizan sin intervención del cliente y, en muchos casos, sin interrupciones visibles. Las actualizaciones se aplican en entornos de pruebas primero y luego se despliegan gradualmente a todos los usuarios. Algunos proveedores permiten a los clientes elegir cuándo recibir nuevas versiones, pero en general, el proceso es automático y transparente.

Esta ventaja es especialmente valiosa para empresas que no cuentan con un equipo técnico robusto. Al externalizar el mantenimiento, pueden centrarse en su negocio principal sin preocuparse por la infraestructura tecnológica.

Por otro lado, el software tradicional exige que la empresa asuma todo el mantenimiento. Esto implica:

  • Planificación y ejecución de actualizaciones.
  • Monitoreo constante del rendimiento del sistema.
  • Gestión de respaldos y recuperación de datos.
  • Resolución de problemas técnicos (crashes, errores de base de datos, conflictos de software).
  • Supervisión de la seguridad (antivirus, firewalls, detección de intrusiones).

Estas tareas requieren personal calificado y tiempo dedicado. Además, las actualizaciones no siempre son sencillas: pueden requerir pruebas extensas, horarios de mantenimiento programados (durante la noche o fines de semana) y la posibilidad de incompatibilidades con otros sistemas.

Un ejemplo común es la actualización de un sistema contable on-premise. Si la nueva versión cambia el formato de los informes o la estructura de la base de datos, puede ser necesario reconfigurar procesos, capacitar nuevamente al personal y corregir errores imprevistos.

Escalabilidad y flexibilidad

La capacidad de escalar un sistema es crucial para empresas en crecimiento o con fluctuaciones en la demanda.

El SaaS es inherentemente escalable. La mayoría de los proveedores permiten a las empresas aumentar o reducir el número de usuarios, almacenamiento o funcionalidades con solo unos clics. Esta flexibilidad es ideal para startups que experimentan crecimiento rápido, empresas con temporadas altas (como el comercio minorista en Navidad) o organizaciones que operan en múltiples países.

Además, como el software se aloja en la nube, puede soportar aumentos repentinos en el tráfico sin necesidad de invertir en hardware adicional. Los proveedores de SaaS utilizan arquitecturas distribuidas y balanceadores de carga para garantizar que el sistema funcione sin problemas incluso bajo alta demanda.

Por ejemplo, una empresa que utiliza una plataforma de videoconferencias en la nube puede pasar de 10 a 1000 usuarios en cuestión de minutos, pagando solo por lo que utiliza. Esta agilidad es difícil de lograr con sistemas on-premise.

En contraste, el software tradicional tiene limitaciones de escalabilidad. Para aumentar la capacidad, la empresa debe:

  • Comprar licencias adicionales.
  • Ampliar el hardware (más servidores, más almacenamiento).
  • Redimensionar la red.
  • Reconfigurar el sistema para manejar más usuarios o datos.

Estos procesos no solo son costosos, sino que también llevan tiempo. Además, si el crecimiento es temporal, la inversión en hardware puede quedar subutilizada después de la temporada alta.

Sin embargo, el software tradicional ofrece una ventaja en entornos altamente regulados o con requisitos específicos de rendimiento. Al tener control total sobre el hardware y la red, la empresa puede optimizar el sistema para tareas críticas, como transacciones financieras de alta frecuencia o procesamiento de grandes volúmenes de datos.

Acceso y movilidad

En un mundo cada vez más móvil y distribuido, el acceso al software desde cualquier lugar y dispositivo es un requisito esencial.

El SaaS brinda acceso universal. Los usuarios pueden conectarse desde cualquier dispositivo con conexión a internet: computadoras, tablets, smartphones. Esto es especialmente útil para equipos remotos, trabajadores en campo o empleados que viajan frecuentemente.

Además, muchas plataformas SaaS ofrecen aplicaciones móviles nativas que permiten realizar tareas completas sin necesidad de una computadora. Por ejemplo, un vendedor puede actualizar un CRM desde su teléfono, un gerente puede aprobar gastos desde una tablet o un diseñador puede revisar archivos en la nube desde cualquier lugar.

Esta movilidad no solo mejora la productividad, sino que también facilita la colaboración entre equipos geográficamente dispersos. Herramientas como Google Docs, Notion o Microsoft Teams permiten edición en tiempo real, comentarios y chat integrado, lo que transforma la forma en que las empresas trabajan.

El software tradicional, en cambio, suele estar limitado a la red interna de la empresa. Aunque es posible acceder a él de forma remota mediante soluciones como escritorios virtuales (VDI) o VPNs, estas opciones requieren configuración adicional, pueden ser lentas y presentan riesgos de seguridad.

Además, muchas aplicaciones on-premise no están diseñadas para dispositivos móviles, lo que limita su funcionalidad fuera de la oficina. Esto puede ser un obstáculo para empresas que buscan modernizar sus procesos o adoptar modelos de trabajo híbridos.

Seguridad y cumplimiento normativo

La seguridad es una de las preocupaciones más comunes al evaluar entre SaaS y software tradicional.

Muchas empresas creen que el software on-premise es más seguro porque los datos están «dentro de la empresa». Sin embargo, esta percepción no siempre es correcta.

Los proveedores de SaaS líderes invierten millones en seguridad. Sus centros de datos están protegidos con:

  • Encriptación de datos en tránsito y en reposo.
  • Autenticación multifactor (MFA).
  • Monitoreo 24/7 de amenazas.
  • Auditorías de seguridad regulares.
  • Certificaciones internacionales (ISO 27001, SOC 2, GDPR, HIPAA, etc.).

Además, al centralizar la seguridad, los proveedores pueden responder rápidamente a vulnerabilidades y aplicar parches a todos los clientes simultáneamente.

En cambio, muchas empresas que utilizan software tradicional no tienen los recursos para implementar medidas de seguridad comparables. Un servidor local puede estar expuesto a riesgos como:

  • Fallos de respaldo.
  • Ataques de ransomware.
  • Acceso no autorizado por empleados.
  • Falta de actualizaciones de seguridad.

Sin embargo, en sectores altamente regulados (como banca, salud o defensa), algunas organizaciones prefieren el control total que ofrece el software on-premise. Pueden implementar políticas estrictas de acceso, auditorías internas y almacenamiento de datos en ubicaciones específicas para cumplir con normativas locales.

En estos casos, el SaaS puede seguir siendo una opción viable si el proveedor cumple con los estándares exigidos y permite configuraciones específicas (como almacenamiento de datos en una región determinada o integración con sistemas de autenticación internos).

Personalización y control

Otro aspecto clave es el grado de personalización y control que ofrece cada modelo.

El software tradicional permite un alto nivel de personalización. Las empresas pueden modificar el código fuente, adaptar interfaces, integrar con sistemas heredados y crear funcionalidades únicas. Esto es especialmente útil para industrias con procesos muy específicos, como manufactura, logística o energía.

Además, al tener control total sobre el entorno, la empresa puede decidir cuándo actualizar, qué parches aplicar y cómo gestionar los datos.

El SaaS, por su naturaleza multiusuario, tiene limitaciones en personalización. Las modificaciones profundas al código no son posibles, ya que el mismo software sirve a miles de clientes. Sin embargo, muchos proveedores ofrecen opciones de configuración mediante:

  • APIs (interfaces de programación).
  • Automatizaciones (como Zapier o Make).
  • Plantillas personalizables.
  • Campos y flujos de trabajo modificables.

Estas herramientas permiten adaptar el software a las necesidades del negocio sin alterar la base del sistema. Además, las actualizaciones del proveedor mejoran continuamente la plataforma, lo que puede compensar la falta de personalización extrema.

Confiabilidad y disponibilidad

La disponibilidad del sistema es crítica para operaciones continuas.

Los proveedores de SaaS suelen ofrecer acuerdos de nivel de servicio (SLA) que garantizan una disponibilidad del 99,9% o superior. Esto significa menos de 43 minutos de inactividad al mes. Además, utilizan centros de datos redundantes, balanceo de carga y mecanismos de recuperación automática.

En caso de fallo, el proveedor es responsable de restaurar el servicio rápidamente.

Con el software tradicional, la confiabilidad depende de la infraestructura interna. Si un servidor falla, la empresa debe tener sistemas de respaldo y personal disponible para resolver el problema. Esto puede llevar horas o días, especialmente fuera del horario laboral.

¿Cuál conviene más a tu empresa?

La elección entre SaaS y software tradicional no tiene una respuesta única. Depende de múltiples factores, incluyendo el tamaño de la empresa, el sector, el presupuesto, las necesidades de seguridad, la velocidad de crecimiento y la estrategia tecnológica.

El SaaS es ideal para:

  • Empresas pequeñas y medianas.
  • Startups con recursos limitados.
  • Organizaciones con equipos remotos o distribuidos.
  • Negocios que necesitan escalabilidad rápida.
  • Empresas que priorizan la movilidad y la colaboración.
  • Sectores con requisitos de cumplimiento que pueden ser satisfechos por proveedores certificados.

El software tradicional es más adecuado para:

  • Grandes corporaciones con infraestructura TI robusta.
  • Industrias con procesos altamente personalizados.
  • Organizaciones en sectores regulados que requieren control total sobre los datos.
  • Empresas con presupuestos para inversiones iniciales altas.
  • Casos donde la latencia o el rendimiento son críticos.

En muchos casos, la solución óptima puede ser una combinación de ambos modelos, conocida como arquitectura híbrida. Por ejemplo, una empresa puede utilizar SaaS para herramientas de productividad y CRM, mientras mantiene un sistema ERP on-premise para finanzas y logística.

Lo más importante es realizar un análisis detallado de las necesidades actuales y futuras, evaluar el TCO, consultar con expertos y probar soluciones antes de tomar una decisión. La tecnología debe servir al negocio, no al revés.